El futuro de las redes sociales

01/09/2010

… Y cada vez que un niño dice ´no creo en las hadas´, en algún lugar hay un hada que muere ”, informa con seriedad Peter Pan a Wendy. A punto de trascurrir un siglo de la formulación de estas palabras, podemos tratar de actualizarlas pensando en una de las más cercanas y emergentes realidades de nuestro entorno: las redes sociales, un tema del que todo el mundo habla, aunque no todos creen en ellas, o incluso donde hay quienes solo las miran de reojo y no las han visto aún de cerca.
¿Existen realmente las redes sociales? ¿Nos afectan en nuestro desempeño profesional? Y más lejos aún, ¿si no creemos en las redes sociales, irán muriendo? ¿Es nuestra fe la que las mantiene vivas? No es exactamente así, claro, pero algo de eso hay. Porque tanto en lo que respecta a las hadas por un lado, y a las redes sociales por otro, podríamos decir, emulando el equívoco refrán, “haberlas háylas”. Y las nombramos, las miramos con respeto, pero ¿las hemos insertado en nuestro hábitat? Las más de las veces así sucede en el ámbito privado, aunque seguramente menos en el laboral, hecho que acaso sea aún más pronunciado en el sector de la salud, perspectiva desde la que planteamos estas reflexiones.
Muchos entienden que las redes sociales son el mundo de la trivialización, de lo fatuo, si no de la estulticia. Y, seguramente hay razones para pensarlo. En Facebook, por ejemplo, la cita de las hadas ha devenido en el grupo “Yo también creo que cada vez que Belén Esteban habla muere un filólogo”. Un estilo de red social con el que la gente se divierte y está haciendo red a la vez. Unos 80.000 seguidores lo confirman.
Puede que ese grupo desaparezca o muera de inactividad, manteniéndose on line, como uno de los muchos ciberfósiles que van existiendo en el mundo paralelo que la Internet ha propiciado. Ya que morir, naturalmente, corresponde a los organismos vivos. Y de algún modo, las redes sociales equivalen a un organismo vivo, con sus pautas de funcionamiento, crecimiento, interacción con el entorno, reproducción y muerte. Con la salvedad de que las redes sociales constituyen unos organismos en los que su evolución está sujeta a muchos y frecuentemente impredecibles factores, ya que cada uno de los integrantes de las mismas están trabajando por su continuidad, su crecimiento, o incluso, habitualmente por defecto, por su fosilización y su muerte.
Y de aquí se deducen dos factores que, en el caso de la comunicación sobre salud, y seguramente también en otros ámbitos, están haciendo que la postura sea ambigua, que no se apueste claramente por el uso profesional de las redes sociales: las dificultades de controlar la evolución de la criatura que soltamos al ciberespacio, y la falta de información sobre la esperanza de vida de nuestras cibercriaturas. En suma, la incertidumbre. Y por ello hay que hablar en términos de apostar o no hacerlo, ya que riesgo posiblemente haya. Riesgo, sí, pero tanto en su uso como en la renuncia a las mismas. Debemos acostumbrarnos a unas nuevas reglas del juego, a trabajar, aún más que hasta ahora, en un escenario en el que el umbral de incertidumbre está continuamente difuminado en el conjunto de nuestro trabajo, en el que la constante monitorización, la alerta extrema, debe ser la pauta habitual de conducta. Pero, ¿no es eso lo que debe hacer siempre el profesional de la comunicación? ¿Por qué produce tantos temores en este caso?
Quizás el miedo a lo desconocido, la resistencia frente al cambio, hagan su usual papel de lastre. Igual que la preocupación por lo que pasa después de la muerte: nos preocupa qué será de nuestra alma, o qué pasará de nuestros seres queridos, de nuestros enseres, quién desvelará nuestros más ocultos secretos… Lo mismo con respecto a las redes sociales: ¿qué pasará con nuestros pensamientos, con nuestras fotos, vídeos, red de amigos? ¿Cómo mantendremos viva la llama de nuestro perfil, de nuestro proyecto o nuestra campaña? Esfuerzo y dedicación, sin duda, y siempre planificación, pero teniendo que aceptar que la interactividad con el organismo vivo que las redes son, harán que nuestro control no pueda ser extremo, sino que haya siempre sombras, incertidumbre, inestabilidad. Sí, ya, Facebook promete guardar cinco años la información, pero, incluso así, ¿hasta qué punto es tan importante? A fin de cuentas, ya estábamos acostumbrados a una rápida obsolescencia en las informaciones:¿quién quiere los periódicos de ayer?, preguntaba Mick Jagger. Y él mismo se respondía, ¡nadie en el mundo!
Sí, ya estábamos hechos a la fugacidad de los medios, a saber que las ondas de la radio y las emisoras de televisión esparcían la información sin parar y a que ésta se disolviera con rapidez y desapareciera. Si las redes sociales son organismos vivos, también lo son las estrategias de comunicación, las campañas que ponemos en marcha, las noticias que difundimos. El escenario ha cambiado, las formas son distintas, y la adaptación a todo ello se está produciendo ya, estamos inmersos en este nuevo escenario. Como agencia de comunicación especializada en salud aquí estamos, con voluntad de quedarnos y cambiar conforme lo vaya haciendo el organismo vivo en el que nos insertamos, el mundo de la información sanitaria. Iremos cambiando, percibiendo los primeros destellos del próximo futuro, como las redes sociales lo van haciendo sin cesar, pero aquí estamos, en el presente de las redes sociales y en el futuro del apasionante mundo de la comunicación que estamos tejiendo de continuo entre todos.

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