El tiempo da para mucho

23/01/2012

“¡Uy, perdone!” le dije al general Pinochet tras haberle propinado un codazo al desplazarme a toda prisa por la entrada al patio central del Palacio de la Moneda. Con su uniforme blanco de la Armada, me musitó un “no es nada” y siguió con su conversación, en tanto que yo seguía mi camino a la búsqueda de mi objetivo, don Manuel Fraga, entonces presidente de la Xunta de Galicia. En medio de cóctel de celebración de la toma de posesión de Frei como Presidente de la República de Chile, tenía que plantearle un problema de tiempo: con el cambio de horario en Europa y luego en Sudamérica, debíamos salir de Santiago de Chile mucho antes de lo previsto, antes del amanecer, para volar sobre los Andes y aterrizar en Río de Janeiro para cumplir seguramente con quince o veinte actos distintos en el mismo día. Tiempo hubo para todo. Incluso el piloto me ofreció desviarse para que viera desde la cabina el punto concreto en el que se había estrellado el famoso avión del accidente en los Andes…
Con motivo de su reciente fallecimiento se me han entremezclado muchos recuerdos de aquellos años en los que trabajé con él en la Xunta y, ya con una cierta distancia, creo que la gestión del tiempo, y no solo en la medida en la que en parte mi trabajo consistía en gestionar el propio tiempo de don Manuel, es uno de los valores que más perfeccioné en aquellos años. Y es que habitualmente navegamos entre dos polos, entre “el tiempo es oro” y “no tengo tiempo para nada”, y muchas veces nos complicamos y nos desorganizamos tanto que no nos queda ni tiempo para organizarnos y descomplicarnos, que son las claves para encontrar la solución.

La naturalidad con la que Fraga descomprimía las situaciones complejas, su sistema de priorizar y entremezclar, creando sinergias y rutas complementarias al tema principal., han resultado muy útiles en mi desarrollo profesional posterior y creo que pueden ayudarnos a organizar nuestro trabajo individual y a desarrollar planes de comunicación complejos sin atemorizarnos por ello y sin que dejemos ningún cabo suelto. Trabajar en equipo y a la vez contar con una dirección, tratar de controlar todo lo posible pero dejar un margen a la improvisación y un umbral de incertidumbre, ayudan a conseguir este objetivo, pero sobre todo, gestionar el tiempo, no asustarse por la mole de tareas que amenaza abalanzarse sobre nosotros, sino ser el dueño, el jefe de lo que uno mismo hace, creo que son partes de las claves, que, claro está, deben ser adaptadas al perfil de cada uno.
Incluso aprendí que se puede estar en dos actos a la vez y no estar loco. Un día, al preguntar cómo podía encajar dos comidas a la misma hora y a cien kilómetros de distancia, un alto cargo, henchido a la vez de fe religiosa y de fervor por don Manuel, me indicó que no me preocupara porque “a veces, el presidente, hace milagros”. Y vaya si lo hizo en esa ocasión, aunque no les diré aquí cómo porque de lo que se trata es de aguzar el ingenio y encontrar cada uno su propia solución. ¿A qué está esperando? El tiempo es como la diosa Ocasión, hay que cazarlo al vuelo, aunque por ello acabe quedándose calvo… JLR

Copyright © 2015 Berbés Asociados / Todos los derechos reservados.

Compartir en facebook Compartir en twitter