Generación Tuenti

03/11/2010

Todos somos conscientes de la revolución a todos los niveles que ha supuesto Internet, hasta tal punto que ha influido y, en cierta medida (en algunos casos, en mucha…), modificado nuestra rutina y hábitos de vida.
Las nuevas tecnologías, y por lo tanto, Internet, evolucionan a un ritmo trepidante, tan trepidante que ni nosotros mismos somos conscientes de ello… En este sentido, uno de los últimos fenómenos que se han cobijado en el espacio virtual se esconde bajo el nombre de ‘redes sociales’. Tuenti, Facebook, Hi5, LinkedIn, Xing, MySpace, YouTube, y un largo etcétera de sitios han empezado a formar parte del día a día de muchos internautas. Unas son temáticas, otras están centradas en el ámbito laboral, otras en vídeo, fotos, o simplemente en trasladar las relaciones sociales a la Red.
Se trata de plataformas que resultan muy atractivas para quienes las usan. No sólo por su dinamismo y por ser, a su manera, una fuente de actualidad, sino porque te permiten interactuar con la gente de tu entorno y con la que va más allá de dicho entorno, ser un medio de expresión, tanto de ti mismo como de tus opiniones o sentimientos, así como del resto de usuarios.
Día a día, los medios de comunicación proyectan nuevas estadísticas sobre la incidencia de las redes sociales en la población, pero sobre todo, cómo se vive este fenómeno entre los colectivos más jóvenes. El 98% de los niños y adolescentes utiliza Internet; el 92% de ellos hace un uso habitual de las redes sociales; el 60% son chicas frente al 40% de chicos; el promedio de tiempo que les dedican es de hora y media, etc.
En los últimos días, me ha llamado la atención el titular que publicaba la edición digital de un conocido periódico económico de nuestro país. Decía así: “el 82% de las adolescentes están enganchadas a las redes sociales”. Según explica la noticia, los jóvenes, y en mayor medida las chicas, pierden la noción del tiempo que pasan en las redes sociales.
Al leer este tipo de noticias surge la típica pregunta que siempre se plantea ante un fenómeno social de estas características: “¿dónde reside la parte negativa?”.

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