Revolución 2.0

21/03/2011

“No me convirtáis en la cara de la revolución”, escribió en Twitter el egipcio Wael Ghonim, uno de los promotores de la página web “Todos somos Jaled Said”, el bloguero de 28 años que resultó muerto por la policía egipcia en junio pasado y que pasó a ser visto como el primer mártir de la revuelta popular que acabó finalmente con toda una época de la reciente historia del país. Ghonim es un ejecutivo de Google y, junto con unas pocas decenas de jóvenes profesionales egipcios, contribuyó, bajo el seudónimo de “El Mártir”, a promover el cambio político en su país a través de Internet y en concreto gracias a las redes sociales. “Si quieres liberar un país, dale Internet”, declaró en una entrevista a la CNN, y qué duda cabe de que tanto el gobierno egipcio como todos los países que están experimentando estas revueltas populares de nuevo cuño tratan de impedir el acceso a Internet en general, y a los blogs, Twitter y Facebook en particular, como modo de impedir o ralentizar un cambio que en general se va antojando en muchos casos como irremediable. Ghonim también ha declarado que escribirá un libro que piensa titular precisamente Revolución 2.0., que tratará, lógicamente, sobre el papel que juegan Internet y las redes sociales en el ámbito político.
Este papel es claro y comúnmente aceptado, tanto por los defensores como por los detractores de este nuevo mundo on line que esta segunda década del siglo XXI está viendo ya en pleno apogeo, mas con un desarrollo continuado que, al menos a medio plazo, no parece que vaya a tener fin. Al igual que Karl Marx decía que “las revoluciones son las locomotoras de la Historia”, ¿no son ahora las redes sociales uno de los motores del cambio social, y con un potencial tremendamente democrático y muchas veces incontrolable?
La respuesta ha de ser necesariamente afirmativa, pero no podemos perder la perspectiva de que el mundo on line ha de estar imbricado con el off line en todos los contextos, y aún más en lo que tiene que ver con cambios sociales y políticos, para que pueda acceder a resultados. En el caso egipcio, en el tunecino que le precedió y en las convulsiones que están sucediéndose a diario en muchos otros países árabes, ha existido siempre una realidad precedente y desencadenantes reales, como la propia muerte de Jaled Said arriba citada.
Y también existen hechos contundentes en el mundo real que nos anuncian cambios en la conducta, abriendo la posibilidad de una posible democratización lograda por la vía pacífica en países sometidos a dictaduras, así como la posibilidad de una convivencia estable de la democracia con el islamismo. Las expresiones de civismo que el caso egipcio nos ha mostrado, ¿no son también consecuencia del seguimiento de consejos que se han dado tanto en la vida real como a través de Internet?
Aún nos queda mucho que observar y mucho que aprende, conforme vaya habiendo un poco más de perspectiva sobre todo este proceso de cambio, sus razones y métodos, pero está claro que estamos ante una nueva realidad, distinta de la caída del Muro de Berlín, distinta de la Revolución Francesa, y que nos señala que estamos siendo testigos de un cambio histórico en el comportamiento de las masas del que somos coetáneos y como tales, testigos privilegiados. ¿Aprenderemos así a ir fijando los usos de las redes sociales y situándolas como un motor del cambio social, función que sin duda desempeñan tanto en estos contextos como en toda situación en la que estén implicadas, incluso en nuestro propio entorno?

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