Una de cada cinco personas desarrollará un proceso autoinmune a lo largo de su vida

10/12/2010

En el marco de las II Jornadas en Enfermedades Autoinmunes Sistémicas del Hospital Universitario La Paz de Madrid
· El lupus, la enfermedad autoinmune sistémica más frecuente, predomina en mujeres (9/1) y su prevalencia se estima entre 24 y 27 casos por 100.000 habitantes, aunque varía ampliamente en relación con la raza y distribución geográfica
· Las patologías más frecuentes son el síndrome de Sjógren, el lupus eritematoso, el síndrome antifosfolípido y las vasculitis sistémicas
· “Las infecciones y la autoinmunidad son dos compañeros de viaje mal avenidos”, señala un experto
· El desarrollo del genoma humano permitirá identificar a aquellas personas predispuestas a estas patologías y una mejor definición de su riesgo real
· Especialistas abogan por la apertura de líneas de investigación básicas para estas enfermedades, cuya causa final se desconoce
· Expertos señalan la necesidad de crear más Unidades específicas para estas patologías en los hospitales y de que se reconozcan, por parte de la autoridades sanitarias, como enfermedades crónicas que necesitan apoyo psicológico y social
 Una de cada cinco personas desarrollará un proceso autoinmune a lo largo de su vida. Así lo asegura el doctor Antonio Gil Aguado, jefe de sección de Medicina Interna del Hospital La Paz de Madrid y experto en estas patologías, en el marco de las II Jornadas en Enfermedades Autoinmunes Sistémicas del Hospital Universitario La Paz, avaladas por el grupo GEAS de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que se celebra los días 10 y 11 de diciembre en Madrid.
A pesar de que la causa final de las enfermedades autoinmunes sistémicas es desconocida, se sabe que, sobre una base de predisposición genética, los factores ambientales (la epigenética), las hormonas, las infecciones y los fármacos juegan un papel importante como desencadenante de las mismas.
En cuanto al origen de estas enfermedades, el doctor Gil Aguado señala que existe “una importante evidencia del protagonismo de los microorganismos, -virus, bacterias, micobacterias y parásitos- en la génesis y el desencadenamiento de ciertos autoanticuerpos que contribuyen a su reactivación”. De esta manera, “la infección induce la pérdida de memoria que permite reconocer lo propio como propio y no confundirlo con lo extraño”, señala el Dr. Gil.
Por ello, en individuos predispuestos, y debido al fenómeno de mimetismo molecular o reactividad cruzada, determinantes antigénicos estructurales desencadenan estas enfermedades al inducir una respuesta inmune, aunque este no es el único mecanismo involucrado para su inicio. “Infección y autoinmunidad son dos compañeros de viaje mal avenidos”, resume el especialista.
En este sentido, el Dr. Gil señala que entre las tipologías más frecuentes de estas enfermedades de complejo abordaje y tratamiento se encuentran “el síndrome de Sjógren, el lupus eritematoso, el síndrome antifosfolípido y las vasculitis sistémicas”.
Así, el lupus eritematoso sistémico, la enfermedad autoinmune por excelencia, es mucho más frecuente entre las mujeres –entre el 75% y el 92% de los casos- y su prevalencia es de entre 24 y 27 casos por 100.000 habitantes.
Un campo abierto para la investigación traslacional Las enfermedades autoinmunes constituyen, según el doctor Gil, “un campo muy atractivo para la investigación traslacional orientada a la identificación de nuevas dianas terapéuticas que permiten un abordaje terapéutico más específico y que, en algunas de estas patologías, están proporcionando buenos resultados para casos de rechazo a las terapias convencionales”.
El experto recuerda, no obstante, que “no hay que olvidar que el uso de estos fármacos, hasta ahora, se produce fuera de indicación” y que los registros que se efectúan por diversas sociedades científicas, como el Grupo de Trabajo sobre Uso de Terapias Biológicas en las Enfermedades Autoinmunes Sistémicas (BIOGEAS) de la SEMI “están contribuyendo de forma importante a conocer su verdadera utilidad, en términos de efectividad y seguridad”.
Por ello, es importante plantear el desarrollo de líneas de investigación básicas en estas enfermedades, en lo referente a su patogenia y etiología. En muchas ocasiones, los conocimientos y aplicaciones terapéuticas en las enfermedades autoinmunes vienen derivadas de otros ámbitos de la medicina, lo que retrasa la traslación del tratamiento a los pacientes.
Las novedades en el tratamiento y el abordaje interdisciplinario El desarrollo del genoma humano y los estudios epigenéticos han sido apoyos fundamentales en las tareas de identificar a aquellas personas que se encuentran predispuestas a diferentes patologías y de preveer el riesgo real de las diferentes enfermedades autoinmunes. Así lo señala el Dr. Gil, que añade que el mejor conocimiento del sistema inmune y de los procesos básicos de comunicación e interrelación entre las células del sistema inmune está permitiendo “el desarrollo de agentes farmacológicos, más específicos y con un espectro de efectos secundarios más limitados, aunque todavía quedan muchos interrogantes por resolver”.
Por todo ello, los expertos consideran que las enfermedades autoinmunes sistémicas,  por afectar potencialmente a todo el organismo, deben tener un abordaje interdisciplinario y que “de la estrecha relación del internista con inmunólogos, hematólogos, nefrólogos, obstetras, reumatólogos, dermatólogos, neurólogos, cardiólogos y oftalmólogos se dará un mejor aprovechamiento de los conocimientos de cada esfera y un beneficio mayor para el paciente en cuanto a su asistencia global”.
“La actual situación de atención a los pacientes podría mejorar con la colaboración multidisciplinar", continúa el Dr. Gil, quien subraya la necesidad de que existan muchas Unidades de estas patologías en los hospitales, para la optimización de su asistencia.
El principal aspecto a mejorar pasa por la formación de expertos dentro de las Unidades. “El reconocimiento, por parte de las autoridades sanitarias, de estas patologías como enfermedades crónicas, así como un mayor apoyo psicológico y social, son aspectos que reclaman insistentemente, y con razón, estos pacientes”, reconoce, y añade que no se debe olvidar la necesidad de impulsar la relación entre los investigadores básicos y los médicos asistenciales.

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