El anuncio, esta semana, de la renuncia de Yolanda Díaz a liderar Sumar de cara a las próximas elecciones generales, ha hecho que muchas miradas se dirijan hacia la actual ministra de Sanidad, Mónica García, como valor en alza del espacio “a la izquierda del PSOE”. La ministra es quizá, tras Díaz, el miembro del Gobierno de la parte minoritaria de la coalición con mayor presencia pública. No es para menos: la sanidad es siempre una de las principales preocupaciones de los españoles, y la actualidad no da tregua, ahora, además, con una huelga médica al mes. Por tanto, muchos piensan que la líder de Más Madrid podría convertirse también en rival de Pedro Sánchez en las urnas, y esto es verosímil. Sin embargo, no lo tendrá fácil hasta las elecciones. La sanidad en el ámbito autonómico es una palanca que ha impulsado muchas carreras políticas (véase el caso del actual líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, de la presidenta autonómica de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga o del fallecido expresidente extremeño Guillermo Fernández Vara, que fueron antes consejeros del ramo y, en el caso de Feijóo, responsable del antiguo Insalud). Sin embargo, en el Ministerio de Sanidad, al menos en los últimos años, parece que sucede justo lo contrario. Con la honrosa excepción de Salvador Illa, el que fuera ministro de la pandemia y hoy ‘president’ de la Generalitat de Cataluña, los demás ministros de los Gobiernos de Pedro Sánchez han tenido unas salidas más bien discretas. Destaca Carolina Darias, como alcaldesa de su ciudad, pero otros muchos -Carmen Montón ‘la breve’, Luisa Carcedo, José Miñones- y también de los gobiernos anteriores, han acabado en discretos puestos que les conducen al anonimato. Pocos continúan en política, y en algunos casos, parece incluso que han salido escaldados de su incursión en este mundo. Veremos hacia dónde se dirige ahora Mónica García, pero con las manos casi atadas en el Parlamento y con la guerra abierta con parte de los profesionales, tiene mucho que hacer aún en Sanidad antes de dar el salto.

A vueltas con los aranceles y los productos farmacéuticos

Fuera de nuestras fronteras las noticias, una vez más, vienen del otro lado del Atlántico. Hace una semana, la Corte Suprema de EE UU declaró ilegales los aranceles impuestos por Donald Trump, pues el presidente, de acuerdo con la sentencia, utilizó una ley sólo reservada para emergencias. El fallo no sentó bien al inquilino de la Casa Blanca y respondió haciendo temblar -de nuevo- los mercados con la proclamación de un nuevo arancel del 10% sobre productos importados. De acuerdo con la Casa Blanca, «la medida forma parte de un esfuerzo para corregir problemas de pagos internacionales y fortalecer la producción nacional». Sin embargo, se han incluido excepciones a esta medida drástica, y entre ellas, se incluyen los productos farmacéuticos y sus insumos (ingredientes). La necesidad de la población, y el hecho de que con sus “avisos” Trump ya haya conseguido la rebaja de precios de al menos 16 compañías farma, están detrás de esta salvedad.

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