Cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, una fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1992 que tiene como objetivo principal concienciar sobre la importancia del agua para la vida humana, la salud y el equilibrio de los ecosistemas.
La salud humana está profundamente conectada con el acceso al agua, que determina no solo la calidad de vida de las personas, sino también la aparición y propagación de numerosas enfermedades. Además, en el contexto actual de calentamiento global y cambios en los patrones climáticos, esta relación se vuelve cada vez más evidente y preocupante.
Por su parte, la escasez de agua también tiene impactos indirectos en la salud. La falta de este recurso afecta a la higiene personal, la producción de alimentos y la seguridad alimentaria. Las comunidades vulnerables suelen ser las más afectadas, lo que amplía las desigualdades en salud. Y es que todavía hoy en día más de 2.200 millones de personas viven sin acceso a agua potable segura, por lo que es necesario implementar estrategias que promuevan la gestión sostenible de este recurso vital y la adaptación de los sistemas sanitarios a los nuevos escenarios climáticos. Invertir en infraestructura hídrica y vigilancia epidemiológica es clave para proteger la salud presente y futura.
Impacto del cambio climático en la calidad del agua y la salud
El impacto del cambio climático en el agua representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud en el siglo XXI. Este fenómeno ha intensificado eventos extremos como sequías prolongadas (España, de hecho, es un país cada vez más árido, algo que va a ir en aumento según estima un estudio publicado en International Journal of Climatology) e inundaciones que no solo afectan a ecosistemas y economías, sino que también incrementan los riesgos sanitarios.
Así, el calentamiento global intensifica la evaporación del agua y modifica los regímenes de precipitación. Las sequías reducen el acceso a fuentes seguras de agua potable, mientras que las lluvias intensas pueden contaminar ríos y acuíferos con residuos, bacterias y sustancias químicas. Esto incrementa el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, como diarreas, cólera, infecciones gastrointestinales y afecciones cutáneas, especialmente en comunidades con acceso sanitario limitado.
Además, el aumento de la temperatura favorece la proliferación de microorganismos y vectores. En diversas regiones, se ha observado la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos, relacionadas con ambientes cálidos y húmedos. La combinación de calor y agua estancada crea condiciones propicias para su reproducción, lo que supone un desafío adicional para los sistemas de salud pública.
En definitiva, el vínculo entre agua, clima y salud es directo y cada vez más evidente. Garantizar el acceso a agua segura y gestionar adecuadamente los recursos hídricos no es solo una cuestión ambiental, sino una prioridad sanitaria global.
Por ello, desde BERBĒS, como agencia líder en comunicación especializada en salud, apostamos por cuidar nuestra salud y la de nuestro planeta promoviendo un consumo responsable de agua y concienciando sobre educación ambiental.



