Sin duda, el tema que ocupa la actualidad en este mes de mayo es el brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius. Como suele suceder ante cualquier emergencia sanitaria de esta naturaleza, la preocupación social es legítima y la respuesta internacional coordinada por la OMS, una realidad.  Sin embargo, junto a los datos reales, las redes se han llenado de publicaciones, hilos y vídeos de todo tipo, lo que hace que nos preguntemos… ¿Cuánto de lo que circula es fiable?

La infodemia, un problema que llegó para quedarse

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acuñó el término “infodemia” durante la pandemia de la COVID-19 para describir la proliferación masiva de información, veraz y falsa, que dificulta encontrar fuentes fiables en momentos de crisis. Lo que entonces parecía algo excepcional se ha convertido en norma.

Hoy en día las redes sociales se han convertido en el principal escenario de la desinformación sanitaria en nuestro país. Así lo confirmaron los expertos en la jornada sobre desinformación de la ANIS el pasado febrero al poner el foco en los algoritmos que, por diseño, premian la reacción emocional y el impacto rápido frente al rigor de la evidencia científica.

Esta asimetría informativa conlleva un coste social y sanitario tangible porque, cuando un bulo sobre una alerta epidemiológica se viraliza, el impacto trasciende lo digital y se traduce en pacientes que retrasan consultas o toman decisiones preventivas erróneas que comprometen seriamente su salud. Es una realidad preocupante si tenemos en cuenta que cuatro de cada diez españoles admiten tener dificultades para distinguir estas narrativas conspiranoicas de la evidencia científica.

A este riesgo vital se suma el daño corporativo, ya que la desinformación afecta de manera directa a la reputación de las organizaciones y erosiona la confianza en las instituciones sanitarias, un activo que resulta extremadamente complejo de recuperar.

Comunicar bien en una crisis sanitaria: claves esenciales

Frente a la infodemia, la comunicación rigurosa y oportuna no es un complemento. Es parte de la solución. Estas son algunas claves para abordarla:

  • Anticiparse al vacío informativo. Cuando no hay información oficial, se busca en otro lado. La comunicación proactiva es la primera barrera contra el bulo.
  • Monitorizar de forma constante: Muchas empresas no cuentan con sistemas de vigilancia de la desinformación. Detectar un bulo a tiempo es la diferencia entre contenerlo y perseguirlo cuando ya es viral.
  • Apoyarse en los profesionales sanitarios: Son el aliado más creíble frente a la desinformación gracias a su cercanía con el paciente y su autoridad científica, lo que los convierte en el canal más eficaz para trasladar mensajes rigurosos.
  • Traducir sin traicionar. El lenguaje técnico debe convertirse en mensajes claros y precisos, sin perder rigor científico.
  • Reconocer la incertidumbre. Decir “todavía no lo sabemos” con transparencia genera más confianza que una certeza prematura que luego hay que desmentir.

En una crisis sanitaria, la desinformación se activa antes que los protocolos. Por eso, desde BERBĒS, como agencia líder en comunicación especializada en salud, recordamos la importancia de acudir siempre a fuentes oficiales y verificadas, de exigir rigor a los medios y plataformas que consumimos; porque una ciudadanía bien informada es la mejor defensa colectiva frente a cualquier crisis de salud pública.

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