¿Se ha puesto de moda hablar de salud mental? Hoy en día es habitual escuchar en conversaciones cotidianas frases que empiezan con un “mi terapeuta me ha dicho…”, o ver cómo la ansiedad, la depresión o el TDAH forman parte de nuestro vocabulario diario. Ante este escenario, es inevitable hacerse una pregunta: ¿es que antes no existían estas patologías, existían, pero eran un tabú, o realmente ahora afectan a más gente?
La respuesta es compleja, pero hay un factor innegable que ha cambiado las reglas del juego: internet y, de forma más incisiva, las redes sociales.
Hemos pasado de una época en la que nadie ponía en duda el diagnóstico del médico en su consulta, a una era digital marcada por la falta de tiempo y la hiperconexión. Vivimos pegados a una pantalla. Esta realidad ya se aborda desde las instituciones; de hecho, el Ministerio de Sanidad a través del Plan Nacional sobre Drogas, ya alerta en sus informes periódicos sobre el alarmante incremento del “uso problemático de internet y redes sociales” entre los jóvenes de 14 a 18 años, considerándolo una adicción comportamental clave.
En este contexto, la gran mayoría de los internautas acceden a la red a través de su teléfono móvil en busca de respuestas de salud, consumiendo vídeos cortos en plataformas como TikTok o Instagram. El problema surge cuando quienes emiten esos diagnósticos en formatos de 30 segundos no son especialistas, sino creadores de contenido que, en la mayoría de los casos, carecen de formación médica.
Competir contra el algoritmo: El gran reto de la salud
Es aquí donde aparece el verdadero desafío para los profesionales de la medicina y las entidades del sector salud. ¿Cómo se compite contra un influencer que acumula millones de visitas en un reel afirmando, con total ligereza, que un despiste común es síntoma inequívoco de TDAH?
La solución no es dar la espalda a estos canales ni adoptar una postura meramente punitiva. La clave está en aprender a competir en su propio terreno. Las organizaciones y los profesionales de la salud tienen el reto de trasladar la información científica de una manera mucho más atractiva, visual y dinámica para la sociedad, pero sin perder un ápice de rigor. No se trata de banalizar la medicina, sino de adaptar el lenguaje. Si la audiencia consume formatos cortos, dinámicos e interactivos, la ciencia debe aprender a hablar ese idioma para no dejar el espacio vacío a la desinformación.
El papel de las agencias: Tender puentes seguros
En este nuevo ecosistema, las agencias de comunicación sanitaria tenemos una responsabilidad social y estratégica fundamental. Nuestro trabajo ya no consiste solo en gestionar la reputación de una marca o redactar notas de prensa tradicionales; nuestro rol actual es tender puentes entre el conocimiento de los médicos y los nuevos formatos digitales.
Debemos ser los facilitadores que ayuden a los científicos y a las instituciones a adentrarse en el entorno digital con seguridad, dotándoles de las herramientas creativas necesarias para que su mensaje cale en el público. Solo así conseguiremos que la información que consumen los jóvenes, y los no tan jóvenes, en sus pantallas sea segura, contrastada y saludable.
Por eso, desde BERBĒS, como agencia líder en comunicación especializada en salud, recordamos la importancia de acudir siempre a fuentes oficiales y verificadas, de exigir rigor a los medios y plataformas que consumimos; porque una ciudadanía bien informada es la mejor defensa colectiva frente a cualquier crisis de salud pública. La salud mental ya no se debate solo en las consultas; se debate en las redes. Hagamos que la voz de la ciencia sea la que lidere la conversación.



