A dos días de que se celebre la final del Mundial de fútbol, en la que la Selección Española, uno de los orgullos patrios, ha hecho un gran papel y se ha asegurado una plaza, es un buen momento para reflexionar sobre otra seña de identidad de la que muchos españoles están orgullosos: el Sistema Nacional de Salud.
Al contrario de lo que ha ocurrido con los futbolistas de ‘La Roja’ en las últimas dos décadas, sobre todo desde el mundial de 2010, muchos ciudadanos han empeorado su percepción sobre la sanidad en los últimos años. En este caso, el punto de inflexión fue la pandemia. Y, desde entonces, las notas que los españoles ponen a su sanidad no han parado de empeorar y no pasan de un ‘bien’ raspado. En concreto, la última ha sido un 6.16. Así lo refleja la primera oleada del Barómetro Sanitario 2026, que elaboran el CIS y el Ministerio de Sanidad, y que se ha hecho pública esta semana.
Aunque la valoración mejora en una décima y media desde la edición anterior, los problemas persisten. En primer lugar, el porcentaje de quienes creen que el sistema funciona bien se ha desplomado casi 20 puntos porcentuales desde antes de la crisis de la COVID-19 (del 72% de 2019 al 53,5% de este año).
Por otro lado, más del 80% cree que las listas de espera siguen igual o han empeorado. Lo peor es que aciertan o están bien informados, pues se ha convertido en costumbre que cada seis meses se marque un nuevo récord de personas en espera para ser intervenidos. El último, 553.509.
Pero las dificultades no se limitan al hospital. La mayoría de los encuestados en el Barómetro (71%) tienen que esperar más de 10 días para ver a su médico de atención primaria, un récord, y sólo uno de cada cinco lo consigue en 24-48 horas.
En definitiva. No son problemas que se resuelvan en lo que dura un partido, pero el equipo sanitario español, especialmente el de gestión, tiene mucho más camino por delante que los futbolistas de ‘la Roja’ si quiere ser campeón del mundo.icipan varios ministerios -como su propio nombre indica- y también tienen voz las CC AA, depende, sin embargo, del Ministerio de Sanidad, y es una de las últimas competencias “fuertes” que le quedan a este Departamento. Y su competencia es poner precio a los medicamentos.
En las últimas reuniones, ya con temperaturas elevadas, han tomado decisiones que, a decir de algunos colectivos de profesionales y pacientes, retrasan la llegada de innovaciones terapéuticas por motivos estrictamente económicos. Es el caso de los nuevos medicamentos para tratar el Alzheimer en fases iniciales. También, de otros para tratar dolencias muy prevalentes.
Es cierto, que lo que gestiona la Comisión es dinero público, que no es infinito, y que hay que financiar tratamientos para todas las enfermedades. Pero también lo es, que muchos pacientes miran con esperanza a esta última reunión antes del verano. Los integrantes de la CIPM tendrán que poner el aire acondicionado a tope y dedicarle tiempo a plantear criterios sólidos para darles una respuesta basada en el rigor científico.



