Estos días han sido también jornadas de celebración de aniversarios en el Ministerio de Sanidad. El primero, de la Ley General de Sanidad, que cumplió 40 años con el presidente del Gobierno como invitado estrella, ya en plena precampaña andaluza. En su intervención, a falta de grandes anuncios, aprovechó para pedir cuentas a las CC AA sobre el destino de 30.000 millones de euros transferidos a las autonomías desde 2018.

Dos días después, le tocó el turno de soplar velas al Instituto de Salud Carlos III, que fue creado precisamente en el marco de esta Ley General, en 1986, y también es ya cuarentón. Se conmemoran, pues, cuatro décadas del sistema sanitario, y también de su vertiente más científica, con el ISCIII, que se ha convertido en seña de identidad de España.

De la misma manera que a muchos pacientes, a partir de los 40 años, su profesional sanitario les recomienda empezar a cuidarse más en serio, los políticos de distinto signo harían bien en no convertir el sistema de salud en arma arrojadiza y buscar alianzas para intentar que se consolide y dure, al menos, otros 40 años más.

Bulos accesibles, fuentes oficiales en construcción

La información es poder, también en Sanidad, y la manera de presentarla no es inocua. Esta semana el Ministerio de Sanidad ha aprobado una Orden Ministerial, un poco totum revolutum, cuyas medidas tienen el denominador común de venir de la Dirección General de Salud Pública, la más afín a Mónica García, con Pedro Gullón al frente.

La nueva norma amplía la prueba del talón a más patologías y extiende el cribado de cáncer colorrectal a personas de más edad, aunque estas medidas tendrán que ser implementadas por las CC AA. Junto a estas iniciativas, también reforma la Red Estatal de Vigilancia en Salud Pública. Bajo un “modelo social de la salud”, como lo denomina el Ministerio, la información deja de estar centrada en enfermedades infecciosas, e incluirá datos sobre salud mental, impacto ambiental, adicciones y determinantes sociales de la salud.

La Orden asegura priorizar la lucha contra la desinformación y promete que la ciudadanía tendrá canales de comunicación directos para recibir recomendaciones oficiales, frente a situaciones de ‘infodemia’. Las intenciones son buenas, en apariencia, pero a día de hoy, la información sobre enfermedades transmisibles, como las ITS, que llevan dos décadas en crecimiento constante, no está disponible y da error 404.

En construcción, probablemente está el nuevo sistema que se diseñará con ese enfoque social. Presentar la información de manera distinta puede ser positivo. Pero sólo si ello no implica recortar por otro lado datos que ya era públicos. La transparencia también pasa por facilitar toda la información de interés para los ciudadanos, y no sólo la que convenga más en cada momento. De ese modo se facilitará, como pretende Sanidad, que la población acuda más a fuentes oficiales y menos a bulos.

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