Un año de COVID-19 en Europa: ¿seguiremos atrapados en el Día de la Marmota o conseguiremos romper el bucle?

Un año de COVID-19 en Europa: ¿seguiremos atrapados en el Día de la Marmota o conseguiremos romper el bucle?
3 febrero, 2021 Berbes Asociados
Marmota

Cada 2 de febrero la localidad estadounidense de Punxsutawney acoge la tradicional celebración del Día de la Marmota, en la que un simpático roedor revela a los granjeros si el invierno se alarga; o si, por el contrario, la primavera viene anticipada. Según la creencia, si al ser sacada de su madriguera la marmota decide volverse y meterse a seguir hibernando, significa que el invierno aún durará seis semanas más.

La festividad es conocida sobre todo por la película ‘Atrapado en el tiempo’, protagonizada por Bill Murray y ambientada en esa localidad. El protagonista, un periodista desplazado a cubrir la celebración, se ve condenado por una especie de maldición mitológica a repetir una y otra vez el mismo día.

A mucha gente le han venido a la cabeza a lo largo de los últimos doce meses las desventuras de Bill Murray en esta conocida película. Especialmente durante el confinamiento duro de la pasada primavera. Una sucesión de días caracterizados por las terribles noticias y por el encierro y que parecían no diferenciarse demasiado uno del otro.

Ahora sabemos que la epidemia de coronavirus empezó a extenderse por el continente europeo hace exactamente un año. Un 1 de febrero se confirmó el primer caso en nuestro país y poco después las autoridades sanitarias aventuraban que no serían más que unos cuantos casos aislados.

La efeméride del Día de la Marmota nos resulta útil para hacer balance. No tanto por la condena a repetir una y otra vez los mismos errores y horrores que hace que la comparativa con la película venga al caso, sino para honrar el significado original del evento folklórico y preguntarnos si va a durar mucho más el invierno.

La primavera era la fecha que los más optimistas ofrecían como un primer retorno a la normalidad pre-pandemia, con la población más vulnerable ya inmunizada. Aunque, en medio de la tercera oleada pandémica, podría parecer que la marmota tiene razonables motivos para darse media vuelta y seguir recluida, hibernando, también hay algunos indicios que anuncian la primavera. Así que, para que no nos quede una previsión demasiado sombría, vamos a repasarlos. De esta forma veremos que no es cierto que el último año haya sido un bucle temporal, sino que, en realidad, hemos seguido avanzando.

Tenemos vacuna(s): Las últimas escaramuzas en relación con las distintas vacunas disponibles no deberían hacernos perder de vista que desde hace algo más de un mes están en marcha los procesos de inmunización, algo que a mediados del año pasado resultaba impensable para muchos. El hecho de tener varias vacunas testadas y aprobadas a finales del 2020 solo se contemplaba en los escenarios más optimistas. Lo que sufrimos ahora es la relativa escasez de un bien muy cotizado, ya que es la llave para salir del bucle y volver a nuestras vidas cotidianas. Esa escasez se traduce en problemas a nivel micro (gente que aprovecha su posición privilegiada para saltarse la cola) y macro (duras negociaciones entre fabricantes y administraciones). Problemas que no deben ocultar sin embargo lo importante: tenemos vacunas y tenemos un sistema sanitario que permite su administración atendiendo a criterios de salud pública y no al bolsillo. Es de esperar que a medida que un mayor número de dosis de estas vacunas se vayan incorporando al arsenal terapéutico estos problemas se suavicen.

Los antivacunas pierden terreno: Quizá esté relacionado con lo anteriormente expuesto –los viales de vacuna contra el COVID-19 convertidos en un traslúcido objeto de deseo–, pero lo cierto es que el porcentaje de personas que recelaban de la vacunación en nuestro país se ha hundido. Solo un 20% de españoles declaraban querer vacunarse lo antes posible en octubre y ahora son más del 60%. Al mismo tiempo, el porcentaje de españoles que “no se la pondría en absoluto” se ha desplomado desde el preocupante 32,5% de hace tres meses a un 8,7%, según un estudio de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt).

Terapias contra el virus (y contra otras enfermedades): La carrera investigadora para luchar contra el COVID-19 se ha traducido en distintos avances científicos que van más allá de la vacuna y, en algún caso, más allá del coronavirus. La colchicina, el 4-Fenilbutirato o la plitidepsina se están estudiando como alternativas terapéuticas para combatir la enfermedad desatada por el virus. Al mismo tiempo la nueva tecnología vacunal del ARN mensajero que utilizan varias vacunas aprobadas contra el COVID-19 abre vías muy prometedoras en el tratamiento de algunas enfermedades, como la esclerosis múltiple.

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