Cuidar a una persona dependiente es un acto de amor que implica compromiso, tiempo y esfuerzo. Sin embargo, cuando cuidamos de alguien de forma prolongada, es fácil que nuestro bienestar quede en un segundo plano. Asumir el cuidado de un familiar con una enfermedad crónica implica cambios vitales y absorbe tiempo y energía hasta que el cuidador puede llegar a verse sobrepasado en el día a día.
Es lo que se conoce como el síndrome de sobrecarga de la persona cuidadora o síndrome de la persona cuidadora “quemada”, porque alude al estado de agotamiento físico, mental y emocional que experimentan las personas que dedican gran parte de su tiempo al cuidado de una persona dependiente. Si, además, se añade el agravante emocional de sentir que se pierde en vida la esencia de un ser querido, como sucede en el caso del Alzheimer, la vivencia es aún más difícil de gestionar.
Las consecuencias del síndrome del cuidador quemado pueden ir mucho más allá del agotamiento. Puede verse afectado el sistema inmune, provocar trastornos del sueño, hipertensión, dolores musculares y problemas digestivos. En el plano emocional, aumenta el riesgo de problemas de salud mental como depresión, ansiedad y pérdida de autoestima.
Afrontar el cuidado de adultos mayores requiere de diferentes recursos y estrategias. Ante los primeros signos de agotamiento, los expertos recomiendan actuar cuanto antes: hablar con el entorno, delegar tareas y buscar asesoramiento. En este sentido, la terapia psicológica individual ayuda a gestionar las emociones, mientras que los grupos de apoyo permiten compartir experiencias con otros cuidadores que viven situaciones similares.
BERBĒS, como agencia líder en comunicación especializada en salud, recuerda la importancia de practicar las actividades y hobbies que siempre se han disfrutado, cuidar la alimentación, dormir adecuadamente y mantener las relaciones sociales; lo que favorecerá el bienestar y calidad de vida del cuidador, permitiéndole además seguir respondiendo a las exigencias que conlleva su rol.



