“Quiero que se vaya Ayuso”. La ministra de Sanidad, Mónica García, pensó que esta fórmula era la más adecuada para generar consenso entre los suyos y comunicar que en menos de un año piensa dejar el Ministerio para volver a la política autonómica y presentarse a las elecciones en oposición a la actual presidenta de la Comunidad de Madrid. Fue el pasado sábado, cuando, en un ambiente festivo, en el marco de una verbena organizada por Más Madrid, lo anunció ante cientos de sus seguidores. Pese al baño de multitudes que preparó, y pese a que fue la noticia de ese día, las jornadas siguientes han demostrado que no tendrá un camino sencillo y, ni siquiera en sus filas, se lo pondrán fácil. Emilio Delgado, diputado autonómico y también aspirante a liderar la formación de izquierdas, se ha enfrentado esta semana a García públicamente. Les separan ideas, estrategia y hasta la forma en que proponen votar en unas primarias. Así que el tiempo dirá si la Sanidad ha sido una palanca para la ministra o, al contrario, la ha “quemado” de tal modo que no consigue su objetivo de presidir Madrid o, al menos, imponerse en su propio partido y volver a ser líder de la oposición.

La huelga de médicos se desgasta

Otro conflicto que no lleva camino de solucionarse es la protesta médica por el Estatuto Marco. Esta semana ha sido la tercera de huelga de los facultativos en lo que va de año y todo parece abocado a un callejón sin salida. Aunque continúa la negociación, ni el Ministerio accede a que los médicos tengan un estatuto propio, ni ellos aflojan con el calendario de paros. Sin embargo, en este tercer mes, los datos apuntan a que el seguimiento se ha resentido. En la Comunidad Autónoma que más ha seguido esta cita, Andalucía, la cifra de quienes han ejercido la huelga esta semana no ha llegado al 20%. Los sindicatos aseguran que las cifras están sesgadas por los servicios mínimos impuestos por las Consejerías de Sanidad, pero la sensación entre los propios pacientes es que el entusiasmo ha bajado desde la primera semana de huelga, en febrero. Los convocantes quieren mantener vivo el conflicto y esta semana han jugado la carta de pedir la mediación de Pedro Sánchez, que no aparenta haberse dado por enterado. Parece claro que, como en todo conflicto, los implicados deberán darse prisa en encontrar una salida que no haga quedar demasiado mal a ninguna de las partes. Quizá después de las elecciones andaluzas sea el momento propicio.

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