La semana pasada, Maricarmen y sus decretos se llevaron toda la actualidad socio-sanitaria, toda la atención de la ministra de Sanidad / militante de Sumar, Mónica García, y toda la actividad del viernes, cuando llegaron a la sesión extraordinaria del Congreso. Por eso, ironías de estos tiempos, las listas de espera, han tenido que esperar. Será el próximo viernes, 9 de octubre, cuando se celebrará el Pleno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en el que se abordará la reforma del sistema de información sobre listas de espera.
Con este asunto, Sanidad planeaba poner a la Comunidad de Madrid en una situación incómoda, para lo que planteaba cambios como contabilizar la espera en Centros de Atención Primaria, encaminados a que el Gobierno de Ayuso no saliera tan bien en la “foto” como en los últimos informes de situación de las listas de espera.
No sería de extrañar que, aprovechando que las tiendas de campaña ya están montadas en la Puerta del Sol, se cambiaran las pancartas que reclaman vivienda digna por otras pidiendo citas más rápidas con el médico. Éste es un asunto mucho más cómodo para el Ejecutivo central, toda vez que no tiene competencias (salvo en Ceuta y Melilla, pero ese tema, mejor ni recordarlo, podría pensar quizá García).
Sin embargo, el acuerdo no se presenta nada fácil, y no sólo por la confrontación que puede suponer al Ministerio con una mayoría de comunidades autónomas de distinto signo político. Todas las regiones, con independencia de quién gobierne, tienen sus particularidades. A todas les interesa subrayar los aspectos positivos de sus sistemas de salud y ocultar lo mejorable.
El equilibrio alcanzado hace casi 15 años, cuando Madrid volvió al Sistema de Información sobre listas de espera tras años excluida por su metodología, es difícil de alterar sin molestar a unas o a otras. Y mucho más, cuando, con el calendario en la mano, se lee todo ya en clave electoral.
En definitiva, quizá se pueda salvar un decreto de vivienda, pero un decreto de listas de espera, que además de por el Consejo de Ministros, tiene que pasar por el Interterritorial, será mucho más difícil de aplicar. Atrás quedaron los tiempos de grandes acuerdos en salud. Y lo atestigua el reciente fallecimiento de uno de los últimos perfiles de consenso, el exministro de Sanidad Julián García Vargas.



