Esta semana alguien podría pensar que la actualidad sanitaria ha quedado en segundo plano, eclipsada tras la corrupción y las últimas sentencias. Pero nada más lejos de la realidad. La condena histórica al exministro de Transportes, José Luis Ábalos, a 24 años de prisión (la mayor pena impuesta en España a un exministro), es de hecho una noticia de política sanitaria. No hay que olvidar que todo empezó con el ‘Caso Mascarillas’, una trama de corrupción (presunta hasta el fallo del Supremo) relacionada con la adjudicación de contratos públicos para la compra de material sanitario, con intervención de cargos públicos, intermediarios y empresarios.
Los contratos investigados se firmaron durante los momentos más críticos de la pandemia de COVID-19, cuando las administraciones necesitaban adquirir mascarillas con urgencia y podían recurrir a procedimientos excepcionales de contratación.
El Supremo ha señalado que se incurrió en delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Todo un recordatorio de que los coletazos de la crisis sanitaria continúan, al menos, para algunos de quienes la gestionaron.
Diez años después del Brexit voces sanitarias hablan de ‘Rejoin’
Hace una década, la palabra “Brexit” formaba parte del vocabulario más común. En este 2026, la palabra que se está abriendo paso es “Rejoin”. Porque, cuando se acaban de cumplir diez años de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, son cada vez más las voces que piden dar marcha atrás a aquella decisión. Especialmente, entre los jóvenes.
Una reciente encuesta publicada por The Guardian revela que tres de cada cinco chicos y chicas, de la ‘generación Z’, votarían a favor de volver a entrar en la UE. Y este movimiento de ida y vuelta a Europa tiene una importante derivada sanitaria. De hecho, fue el exministro de Sanidad, Wes Streeting, uno de los candidatos que sonaron para suceder a Keir Starmer (dimitido esta misma semana), el primero en plantear la vuelta atrás al Brexit.
En el ámbito sanitario, el divorcio entre Europa y Gran Bretaña ha supuesto, por ejemplo, trabas para que los tan necesarios profesionales sanitarios de estados miembros trabajen en hospitales británicos. En un país con un déficit estructural, por ejemplo, de personal de enfermería, entre otros, se ha vivido también un aumento histórico de las listas de espera. En definitiva, al menos en salud, salir de la UE no ha sido la panacea que vendían sus defensores.



