El reciente caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo detectado en Salamanca ha vuelto a situar en el foco de atención una enfermedad vírica que, aunque poco frecuente, lleva años circulando en determinadas zonas de España. Transmitida principalmente por la picadura de garrapatas del género Hyalomma, esta infección puede comenzar con síntomas inicialmente inespecíficos, como fiebre, dolor muscular o malestar general.
En una entrevista con Europa Press, Fernando Esperón, profesor de Veterinaria de la Universidad Europea de Madrid, explica que “este virus circula de manera natural en poblaciones de otros mamíferos, como ciervos y otros ungulados silvestres, especialmente en zonas como Salamanca y Ávila, así como en ecosistemas de dehesa y áreas de baja montaña”.
La prevención, la detección precoz de las garrapatas tras las actividades al aire libre y una correcta actuación ante una picadura son fundamentales para reducir el riesgo de contagio, señala este experto. Tras un paseo por el campo, es recomendable revisar cuidadosamente el cuerpo, especialmente en zonas como axilas e ingles, donde estos parásitos suelen adherirse con mayor facilidad.
Tal y como informa El Mundo, hasta 21 personas se han visto afectadas por esta enfermedad desde 2016. Estas infecciones por garrapatas no pueden considerarse un fenómeno puntual, sino una realidad presente cada temporada estival, según el diario.
No obstante, la mayoría de las infecciones por el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo cursan de forma asintomática, y este no es el principal patógeno transmitido por garrapatas. El espectro de enfermedades asociadas a estos artrópodos ha aumentado en los últimos años debido a una mayor vigilancia clínico-epidemiológica y a la mejora de las técnicas diagnósticas.
El cambio climático también juega un papel relevante en su expansión
El aumento de las temperaturas asociado al calentamiento global favorece mayores tasas de reproducción y supervivencia de los artrópodos. A ello se suma la creciente movilidad de la población. Cada vez nos desplazamos más y realizamos más actividades al aire libre, lo que incrementa la exposición a estos vectores. Además, estos artrópodos se encuentran ya incluso en entornos urbanos, donde la presencia de animales —incluidos conejos— en parques y zonas verdes puede facilitar su proliferación.
En este contexto, el enfoque One Health se consolida como una herramienta clave para comprender y abordar este tipo de amenazas sanitarias desde una perspectiva más amplia y conectada. Este enfoque parte de la idea de que la salud humana, la salud animal y la salud del medio ambiente están estrechamente vinculadas, algo especialmente evidente en enfermedades zoonóticas como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.
La expansión de los vectores, los cambios en los ecosistemas, el clima o el mayor contacto entre personas y fauna silvestre hacen necesario un trabajo coordinado entre la medicina humana, la veterinaria y la salud pública. Desde BERBĒS, defendemos la importancia de esta perspectiva integradora para mejorar la vigilancia, la prevención y la respuesta ante enfermedades emergentes o reemergentes.



