El escondite

El escondite
18 septiembre, 2019 Vanesa García

Uno… dos… tres… Cuando llegó a diez, dejó de contar, se apartó levemente de la pared sobre la que estaba apoyado y se giró sigilosamente creyendo que, de ese modo, tendría más posibilidades de descubrir a sus siete amigos.

Miró hacia un lado, luego hacia el otro y, a lo lejos, descubrió entre unos arbustos a la más inquieta de todos: Creatividad. Allí estaba, dinámica, polivalente, asertiva; intentado encontrar el mejor momento para echar a correr y tocar esa pared que significaba ‘casa’.

“¡Bien hecho!”, se dijo a sí mismo. “¡Solo me quedan seis!”.

Tras recorrer unos metros llegó a un cruce de calles y, en él, un dilema: qué camino elegir para seguir su búsqueda, para continuar el juego. De repente, la luz verde de uno de los semáforos llamó su atención y también le dio, sin pretenderlo, una pista. Justamente, detrás de la señal luminosa, localizó no a uno, sino a dos de sus amigos.

Talento y Conocimiento no dejaban de sonreír. El primero se caracterizaba por su positivismo, su constante cordialidad y su afán de aventura constante y el segundo destacaba por ser convincente, dialogante y, sobre todo, auténtico. Hacían el tándem perfecto… menos para ganar al escondite.

“¡Genial, dos al mismo tiempo!”. Sí, hasta ese momento, el viento soplaba a su favor; pero él sabía que no es bueno confiarse y que siempre se debe estar alerta para adaptarse a las circunstancias.

El aroma a café recién hecho  y a pan y brioches salidos del horno que provenía de la pastelería de la esquina lo hizo reaccionar y acercarse hasta el establecimiento donde, curiosamente, se hallaba Comunicación, quien, cómo no, hablaba dicharachera con los clientes. Abierta y extrovertida  a la par que clara y eficaz eran los principales rasgos de su personalidad. Se sorprendió al ser pillada con las manos en la masa, pero salió contenta del local, con un café solo y un cruasán caliente.

“¡Qué nervios, ya solo faltan tres!”, pensó. No era consciente de que habían transcurrido más de treinta minutos desde que empezó a contar hasta diez. Y es que cuando se está disfrutando, se tiene la sensación de que el tiempo pasa más rápido…

En aquel instante, se percató de que, en esa misma calle, había un autobús escolar con las luces de estacionamiento parpadeando. Decidió acercarse e inspeccionar, ¡nunca se sabe dónde pueden estar las respuestas! Y sí, ¡bingo!, allí estaban agazapadas Implicación, llena de optimismo y rebosante de empatía, y Profesionalidad, con carácter, pero siempre encontrando soluciones a  los problemas que pudiesen surgir y siendo totalmente ejecutiva.

Antes de que pudiese terminar la frase ‘¿Dónde estará escondida Transformación?’, la vio a lo lejos relajada, sonriente y apoyada en la pared, donde minutos antes había empezado el escondite. Claramente, su discreción, paciencia y enorme minuciosidad contribuyeron a que ganase la partida.

En ese momento, Equipo solo fue capaz de esbozar una sonrisa de medio lado y dar gracias por los amigos que tenía. Juntos son la ecuación perfecta del éxito. Juntos son BERBĒS.