Pocos lemas y campañas de publicidad han calado tanto en la sociedad como el de esta chocolatina que, sin mencionarla, todos sabemos perfectamente a cuál nos estamos refiriendo, ¿verdad? Este eslogan encaja a la perfección con el hecho de que haya días en los que el calendario deja de ser una lista interminable de emails en la bandeja de entrada, un sinfín de reuniones en el Teams y numerosas llamadas de diversa duración y, de repente, el día se convierte en una excusa perfecta para mirarnos a los ojos sin pantallas de por medio. Eso es, en esencia, lo que hemos vivido recientemente en BERBĒS durante nuestro último team-building. Una jornada distinta que, más allá de las dinámicas o el cambio de escenario, nos ha recordado algo que a veces olvidamos: que la comunicación no empieza en el cliente, sino mucho antes, en casa.
Durante 90 minutos, fuimos partícipes de cómo “el arte inflable, símbolo de ligereza, transformación y libertad; rompía las reglas del arte tradicional”, pero, por encima de todo, volvimos a ser niños que comunicamos más con una mirada que con palabras. Las instalaciones monumentales, los colores vibrantes y las obras sensoriales e interactivas consiguieron cautivar al unísono a un equipo heterogéneo.
Durante esa jornada, que continuó con una comida relajada, hubo risas y algún pequeño reto (laboral) inesperado, pero lo mejor de esta fórmula del fomento de trabajo en equipo es que surgen conversaciones y momentos que, normalmente, no se dan en el día a día en la oficina. Desde descubrir afinidades con compis hasta entender mejor el porqué de determinadas decisiones.
Y es ahí donde la cultura corporativa deja de ser un concepto abstracto para convertirse en algo tangible. Sí, trabajamos en comunicación y eso podría hacernos pensar que eso nos da cierta ventaja, pero la realidad es que, como en cualquier organización, la comunicación interna también se entrena, se cuida y, sobre todo, se vive y aprende. No basta con saber contar historias ni con traducir un mensaje para poder conseguir los objetivos del cliente, si no somos capaces de escucharnos, compartir dudas o celebrar pequeños logros que, en el día a día, pasan inadvertidos entre propuestas y correos y llamadas que hay que responder. No hace falta una gran multinacional para construir una cultura sólida; de hecho, en una agencia como BERBĒS, cada gesto cuenta el doble.
Este team-building no ha sido un punto y final, sino más bien un recordatorio. Una especie de reseteo necesario para volver a la rutina con otra mirada. Más conscientes de que detrás de cada correo hay una persona, de que cada proyecto es un esfuerzo compartido y de que comunicarnos mejor entre nosotros no es un “extra”, sino la base de todo lo demás.
Al final, da igual el tamaño de la empresa o el sector. Si algo hemos comprobado es que cuando la comunicación interna fluye, las piezas encajan mejor y hasta los lunes pueden ser menos lunes. Quizá no se trata de hacer grandes acciones, sino de no perder de vista lo esencial en lo cotidiano. Ahí es donde, de verdad, podemos construir equipos.



